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sábado, 28 de febrero de 2015

LOS NOMBRES





 Los nombres






Octavio Acosta Martínez
octaviocultura@hotmail.com
Twitter: @snittker.com



            Cuando me referí al significado de los nombres estaba pensando en su dimensión ontológica. También me refería a nombres propios dentro de una estructura gramatical, y algunas veces, fuera de ella, en forma aislada. No me refería a apellidos, a menos que vengan complementados en forma previa por el nombre. Podemos usar el nombre y el apellido como un nombre. Pero uno no puede elegir los apellidos, los nombres sí. También valen sobrenombres, apelativos, nombres de oraciones y denominaciones de distintos tipos, para fines de lo que estudiamos. ¿Qué es lo que estudiamos?

            Particularmente estoy repasando las diversas teorías sobre la verdad. Dentro de estas teorías, me estoy centrando, más que en otras, en la teoría de la verdad como correspondencia y en la teoría semántica. hay verdaderas afinidades entre ambas. Como representante privilegiado por mi propio interés de la teoría de la correspondencia tengo a Ludwig Wittgenstein, mientras que en la teoría semántica, sin discusión el nombre que hay que estudiar es el de Alfred Tarski.

            Tanto Wittgenstein como Tarski, son herederos del primer planteamiento que hiciera una vez Aristóteles sobre la verdad:

            “Decir de lo que no es que es y de lo que es que no es, es falso. Decir de lo que es que es y de lo que no es que no es, es verdadero.


             Esto lo pueden encontrar en su Metafísica (libro iv, capítulo 7). Como ven, Aristóteles dice “decir” (“decir tal cosa es falso, decir tal cosa es verdadero”). ¿A qué se está refiriendo entonces, Aristóteles? Al lenguaje. Lo verdadero y lo falso está en el lenguaje y por allí es por donde se debe buscar la verdad. Esto amerita una discusión más amplia, pero por ahora sólo deseo ubicar la inquietud que planteé en el ágora facebookiana.

            Wittgenstein hace en el Tractatus lógico-philosophicus, y posteriormente en sus Investigaciones Filosóficas uno de los estudios más profundos que se hayan podido hacer sobre el lenguaje. En otra oportunidad les hablaré de Tarski.

            Wittgenstein hace una figuración del mundo, su representación, en el lenguaje; específicamente en las proposiciones. ¿Qué es una proposición? Es una oración de la cual tiene sentido preguntarse si es verdadera o falsa. ¿Qué es una oración? Doy por hecho su conocimiento. Pero podemos poner un ejemplito. Sea la oración

Octavio está escribiendo en su estudio

            Allí se está haciendo una aseveración acerca de un objeto que tiene como nombre “Octavio”. Se dice que está escribiendo y además se señala un lugar (complemento circunstancial de lugar). Se está estableciendo una conexión entre un objeto, una acción que se realiza, y circunstancialmente con otro objeto. Octavio es aquí un objeto en sentido ontológico y es sujeto en sentido gramatical. ¿Será verdad lo que afirma la oración? Usted se dirige al estudio, se asoma y si observa que Octavio está allí escribiendo, la proposición (ahora se llama “proposición”) es verdadera. Existe una correspondencia entre lo que se afirma y la realidad. “Octavio está escribiendo en su estudio” es, en este caso, un hecho del mundo. El mundo es la totalidad de todos los hechos. Y la totalidad de todas las proposiciones verdaderas es la representación del mundo. Pudiéramos decir que es el “retrato” del mundo.

            Ahora bien, en la oración descrita se está denotando un objeto mediante un nombre (Octavio) sobre el que se dice algo; pero el nombre mismo ¿dirá algo? Ahí está planteada la discusión.
            La destacada profesora norteamericana Susan Haack, en su libro Filosofía de las lógicas, hace una distinción entre los nombres propios y las descripciones definidas. Primero destaca que los nombres no son de una sola clase. Nosotros estamos hablando de nombres de personas, quizás por el hecho mismo de que somos personas y es allí donde tenemos mejor acceso a una cantera de nombres. Pero, por ejemplo, La Divina Comedia es un nombre, que pertenece a un libro, la Coca-Cola es un nombre que pertenece a un refresco, La Cenicienta es el nombre de un cuento infantil. Podemos encontrar miles de ejemplos. Estamos rodeados de cosas con un nombre cada una de ellas. Generalmente es fácil determinar cuando un nombre es una simple etiqueta, pero hay casos donde hacer una clasificación no es tan sencillo. Supongamos que diga:

El estrangulador de Boston fue asesinado estando en prisión.

            “El estrangulador de Boston”, es un nombre, sujeto de la oración, pero él lleva implícito, y quizás ni tan implícito, una descripción. Además de denotar a un individuo, hay allí una descripción del “objeto” mencionado. Podemos decir que “el estrangulador de Boston” cumple funciones denotativas y connotativas a la vez. Pareciera fácil, porque estoy citando casos extremos. Sin embargo, aun aquellos casos que en apariencia son evidentes, tienen sus complicaciones si uno se las busca. He puesto el caso del objeto “Octavio”, ¿a cuál Octavio me he referido? El mundo está lleno de Octavio. ¿Qué tal si me estuviera refiriendo a Octavio Paz? Puedo elaborar la misma proposición, pero ahora evidentemente sería falsa. Algunos no le otorgarían ni siquiera la categoría de falsa, sino simplemente dirían que es una proposición sin sentido, una pseudo-proposición. Pero pensemos entonces en otro Octavio que esté vivo y que no sea el que ustedes están pensando. Tiene que haber un consenso entre hablante y escucha. Un acuerdo sobre cuál es el tal Octavio y dónde está su estudio, si lo tiene. La proposición podría ser falsa. Así que una misma proposición pudiera ser verdadera en un momento y falsa en otro, o en otro contexto. Lo que pasa es que una proposición es la figura de un hecho que tiene sus coordenadas en un espacio cuadridimensional espacio-tiempo. Todos los hechos del mundo tienen esta característica,… (¿Incluyendo al propio mundo en su totalidad?). Así, amigos, que estamos ubicados, sin darnos cuenta, en el foro sobre el tiempo, del que nos hemos ocupado últimamente.

            La profesora Haack elabora una Tabla donde ubica las dos posiciones con respecto a los nombres. “¿Tienen los nombres propios significado así como denotación?  Sí_____, No______.

Profesora Susan Haack
            En la columna de los SÍ, están los nombres de Frege, Russell, (Quine), Wittgenstein, Searle, Burge, (Davidson). En la columna de los NO están Mill, Ziff y Kripke.  Los argumentos de cada quien, en forma muy resumida son bastante interesantes. Por ejemplo, Frege y Russell dicen que “los nombres propios tienen el sentido de una descripción definitiva co-designativa conocida para el hablante”. Por su parte, los Wittgenstein-Searle dicen que “los nombres tienen el sentido de un subconjunto indeterminado de algún conjunto abierto de descripciones co-designativas. Para estos intelectuales, los nombres tienen significado. Pero en el polo opuesto, Mill dice que “los nombres propios tienen denotación, pero no connotación”… “y no son parte del lenguaje” –añade Ziff.  Por su parte Kripke dice que “los nombres propios son “designadores rígidos”; consideración causal del correcto uso de los nombres”. Éstos, pues, piensan en los nombres como simples etiquetas que sólo designan. ¿Y qué dice el tal Octavio?

            En primer lugar, ¿por qué esa dicotomía SI – NO? ¿No podría haber un “Tal vez” intermedio? ¿O un “algunas veces sí, algunas veces no”? ¿”Con algunos nombres SI, con otros NO”? Esa tabla está inscrita dentro de una concepción aristotélica en la que las cosas son o no son, o algo es verdadero o es falso. No reconoce alternativas intermedias, lo que se ha reconocido con el nombre de “el tercero excluido”. Basado en esta concepción nació la lógica bivalente. La lógica aristotélica y la lógica clásica derivada de ella son bivalentes. Pero existen las lógicas polivalentes en las que se consideran otras posibilidades veritativas. En la lógica (¿”trivalente”, se podría decir?) hegeliana se contempla la posibilidad de que dos contrarios sean verdaderos al mismo tiempo. Hay otras lógicas polivalentes más complicadas todavía. El concepto de probabilidad vino a enriquecer las posibilidades de respuestas ante preguntas complejas. Algo puede ser simplemente “probable”, o “muy probable”, u otorgársele valores cuantitativos.

            En el caso de los nombres, creo que hay las simples etiquetas, pero en general sí creo que ellos tienen significados. Eso quiere decir que dentro de la lógica que estoy manejando para esta problema de los nombres, le otorgo una mayor probabilidad a que ellos tengan sentido, que a que no los tenga. Pero, ¡un momento! Acabo, inconscientemente, mencionar la palabra “sentido”. La palabra “sentido” tiene sentido. Precisamente para aclarar un poco el problema acerca de los enunciados de identidad, Frege introdujo (estoy dándole fe a la profesora Haack) una distinción entre sentido y referencia. Él dice que los nombres propios tienen sentido, así como referencia. Dos nombres podrían tener la misma referencia, pero diferentes sentidos. De estos diferentes sentidos se pudiera derivar –generalmente se deriva- que para un mismo referente, uno de los sentidos suministrara mayor información que otro. Uno podría referirse al estrangulador de Boston o a Albert DeSalvo. Si decimos: “Albert De Salvo cometió su primer asesinato en Junio de 1967” ¿en quién piensa usted? Pero si se dice “El estrangulador de Boston cometió su primer asesinato en junio de 1967”, se le abre un abanico de informaciones a usted. Los dos nombres, Albert DeSalvo y El estrangulador de Boston, tienen el mismo referente, pero ¿cuál le suministra más información?

            Para referirme a un caso quizás más optimista, para las personas de una cierta generación que no menciono, citaré el caso de “El Rey del Rock&Roll” y Elvis Presley. Lo que pasa es que el nombre Elvis Presley es demasiado conocido, y automáticamente las personas establecen una conexión inmediata con su otro nombre de alto significado. De todas maneras lanzaré la pregunta: ¿cuál nombre aporta más información? Sin embargo, he introducido otra variable en el problema. Elvis Presley no es el verdadero nombre de Elvis Presley. ¿Ustedes saben cuál es? Su verdadero nombre es –eso he leído- Doclan Patrick Macmanus Costello. ¿Hubiese sido la misma suerte para este personaje de haber mantenido artísticamente su “etiqueta” original? ¿Por qué los artistas se cambian el nombre? Debe ser que el nombre artístico y el nombre de pila original no tienen el mismo sentido. Lo que significa que los nombres tienen significado. Y aquí, por lo menos en la farándula y en el cine, estoy dentro de la concepción de Russell y compañía. Tiene razón el profesor Ramón Viggiani cuando dice que su suerte no hubiese sido la misma de haberse llamado Nepomuceno Viggiani.

            ¿He comentado algo sobre el concepto etimología? Es el estudio del origen de las palabras, pero también de su evolución, de sus cambios estructurales, de sus incorporaciones a las diferentes lenguas. Quiere decir que la palabra es viviente, tiene origen y vida. Los nombres son palabras, no son la excepción. Desde tiempos muy remotos se asocian a la verdad. De internet (Wikipedia) he extraído este párrafo perteneciente a Dionisio de Tracia, gramático griego que vivió entre el segundo y primer siglo antes de JC:

Dionisio de Tracia
(170 - 90 a.C.)
            “Etimología es la desmembración de las palabras, mediante la cual se aclara la verdad; ἔτυμον, en efecto, se llama lo verdadero [...] Luego etimología es como si se dijera ἀληθινολογία («estudio de la verdad»), pues las palabras griegas no fueron en su origen dispuestas a cada cosa al azar, sino que mediante el análisis del sentido descubrimos por qué tal cosa se llama de tal modo. Como si alguien me preguntase por qué se llama βλέφαρον («párpado»): cambiando la φ en π y partiendo de la palabra, descubrí que se llama βλέφαρον porque cuando está levantado «miramos hacia arriba», como si fuese βλεπέαρον («mira hacia lo alto»). O bien, sin cambiar nada, sólo partiendo de la palabra, hallé que es como un φᾶρος («manto») porque es cobertor de nuestra mirada. Por otro lado, si se me preguntase por qué se llama γλῶσσα («lengua»), cambiando la λ en ν y la segunda σ en τ, digo γνωστὰ («conocida»), la que hace «cognoscible» a los oyentes lo que está en nuestra mente. Pues por ningún otro órgano físico conocemos el pensamiento de cada uno. Más aún, si alguien me preguntase por qué se llaman ὀδόντες («dientes»), cambiando la ο en ε hallé algo así como ἔδοντες, es decir, «los que comen», y, en efecto, gracias a ellos comemos.” (Negritas y cursivas son mías).


            Amigos, este problema no ha terminado. Lo que he expuesto aquí no ha sido sino una simplificación grosera de un estudio que pica y se extiende y es el motivo que está justificando mi existencia. Estoy cumpliendo mi plan de trabajo que una vez les expuse. Por otra parte, y como siempre, esto es provisional. Quién sabe qué hallazgos me harán cambiar de opinión más adelante. Pero me gusta compartir estas inquietudes –cosa extraña en este mundo-  que se apartan de la vulgar cotidianidad del momento que vivimos. En Venezuela y en el mundo. Creo que en Venezuela esta teoría de los nombres colapsó y la lógica que los rige no es bivalente, ni polivalente, ni modal, ni difusa; sino confusa. Hay que por lo menos, inventar nuevos nombres para poder asignar algún tipo de significado a un fenómeno que nadie entiende.

            Me despido con un abrazo.

lunes, 2 de febrero de 2015

FORO SOBRE EL TIEMPO




Sólo existe el pasado

Octavio Acosta Martínez
octaviocultura@hotmail.com
Twitter: @snittker.com




         En nuestra discusión se está presentando una relación de escalas similar a aquella que existe entre el microcosmos y el macrocosmos, interpretadas ambos por dos físicas diferentes. En esta oportunidad, nosotros, los humanos, y nuestra vida cotidiana, vendría a jugar el papel de lo cuántico, el microcosmos.

         Cuando hemos estado intercambiando estas opiniones sobre el tiempo, ha sido mezclando elementos de las dos escalas, contribuyendo, sin intención deliberada, a aumentar la ya confusa realidad cuyos misterios tratamos de desvelar. Comenzamos con una provocación en la que afirmé que en relación al tiempo, la única realidad era el presente. Luego, apelando al sagrado derecho a contradecirme, cambié de posición y dije que la única realidad es el pasado. En ese punto me mantengo en los actuales momentos.

         En efecto, en el diminuto espacio en el que desarrollamos nuestra vida, y dada la cortedad de ésta, la clásica división del tiempo en pasado, presente y futuro, presentados éstos en secuencia progresiva, es más que suficiente para ubicar la temporalidad de los hechos que han marcado nuestra existencia y la del planeta donde habitamos. En lo que va del “escaso minuto altanero” nietzscheano de su existencia, el hombre no ha tenido una experiencia negadora de esta división, salvo en las novelas y películas de ciencia ficción. Así pues, la discusión para determinar la naturaleza y cuantificación de cada uno de estas tres clases de la clasificación del tiempo, es perfectamente válida. Y una vez aceptada esta clasificación he afirmado que lo único verdaderamente existente es el pasado.

         Un poco jugando con las analogías he traído la imagen de la carga de un programa en la computadora, lo que gráficamente se representaría así:



         Lo que aparece coloreado a la izquierda es lo que se ha cargado, el pasado. Lo que está a la derecha es lo que falta por cargarse, el futuro. Y el presente es la división adimensional que los separ; que no tiene contenido, por lo que concluyo que no existe. Tampoco tiene contenido el futuro, y la conclusión es la misma. Esto lo he explicado en otra oportunidad. Lo que haré ahora es buscar una nueva sustentación.

***

         Es bien sabido que cuando miramos el firmamento durante la noche, todo ese manojo de astros y estrellas que percibimos pertenecen al pasado. Vemos lo que eran algunas hace miles de años; otras, hace decenas y centenas de miles; otras, millones. La estrella más cercana a la Tierra está a cuatro años luz de nosotros. Si la miráramos en este instante, veríamos lo que era ella precisamente eso: cuatro años atrás. La luz ha viajado durante cuatro años para traernos esa imagen. En millones de años, muchas de esas estrellas han desaparecido, pero es ahora cuando las vemos. Así que sólo es el pasado lo que nos llega.

         No tendríamos que ir muy lejos para apreciar este fenómeno. La luz del Sol tarda 8 minutos en llegarnos. Así que es el pasado del Sol lo que nos alumbra. Vale la oportunidad para hacer una digresión que apuntala el párrafo anterior:
         Durante el día las estrellas también están allí, el firmamento está lleno de ellas, sólo que en la relatividad de las distancias, la luz solar domina y la percibimos tan intensa que anula las de aquellas. Pero la luz de estas estrellas sigue llegando. He aquí el problema de las escalas. Y esto ha sido el “misterio” que ha rodeado a muchos de los fenómenos físicos. En este caso del Sol y las estrellas lo hemos solucionado muy fácil: o esperamos la noche para contemplarlas o colocamos un telescopio en el espacio para evitar todo tipo de interferencias. Porque incluso durante las noches, las luces de las ciudades interfieren.

***

         Pero el pasado también está presente en eso que llamamos presente. Supongamos que estoy conversando en la sala de mi casa con un amigo. Él está sentado a un escaso metro de distancia. Tenemos una animada conversación. Él me habla, yo le respondo. Le cuento algo y él se ríe. Sé que se ríe porque yo veo que se ríe. 

        ¿Qué es un metro de distancia? El metro se ha definido de varias maneras, buscando cada vez más precisión y mayor exactitud. Voy a usar la definición a la que apela Stephen Hawking en La historia del tiempo: “el metro es la distancia recorrida por la luz en 0.000000003335640952 segundos, medidos por un reloj de cesio”. ¿De dónde sale este lapso de tiempo que pareciera tan arbitrario? Pues, del hecho conocido que la luz se desplaza a una velocidad de 299.792.458 m/seg. Como esta cifra es difícil de memorizar y larga para pronunciar, la redondeamos siempre a 300.000 km/seg (300 mil kilómetros por segundo).

         Esto significa que cada imagen que me llega de mi amigo es lo él era 0.oooooooo3335640952 segundos antes. Quizás un poco más, si consideramos que la velocidad señalada corresponde a su desplazamiento en el vacío. En mi sala operan otras variables que la retardan. Aunque sean insignificantes, ellas están ahí. Es decir, lo que percibo de mi amigo está en el pasado.

         Pero lo mismo sucede con su voz. Sabemos que el sonido tiene una rapidez de aproximadamente 340 m/seg a una temperatura de 20 grados centígrados. Si éste fuese el caso de mi sala, cada fonema pronunciado por mi amigo, llegaría a mis oídos 0.002941176471 segundos después –muchísimo tiempo después que su imagen-. Así, que escuchamos el discurso de mi amigo en el pasado, y además, desfasado de su imagen.

         ¿Se salvarán los otros sentidos de esta fatalidad? Nuestros sentidos perciben a través de terminaciones nerviosas que nos comunican con el exterior. Para el tacto tenemos terminaciones nerviosas distribuidas por todo el cuerpo. Cuando pulso una tecla de mi computadora, las terminaciones nerviosas de mis dedos envían impulsos al cerebro donde se procesan y es allí donde obtengo conciencia de lo que toqué. ¿Con qué velocidad van esos impulsos nerviosos al cerebro? Póngale usted la que quiera, la de la luz si lo desea. El caso es que demorará un lapso de tiempo en llegar al cerebro. Por tanto, lo que percibo por el tacto también está en el pasado. Puedo seguir el mismo razonamiento para cualquiera de los sentidos y el resultado siempre será el mismo. En definitiva, amigos, aunque nos cueste asimilarlo, estamos condenados a percibir sólo el pasado del mundo. La realidad, no es la realidad actual, es la realidad pasada. El presente no existe, está vacía de hechos. El futuro no existe, está vacío de hechos. Nuestro transcurrir por la vida es una construcción permanente de pasado. Nosotros somos constructores de pasado.

***

         Algo sobre Hawking
         Hawking lo explica mejor que yo (¡qué raro! ¿verdad?). Si se emite un pulso de luz en un instante concreto, en un punto particular del espacio, entonces, conforme va transcurriendo el tiempo, se irá extendiendo como una esfera de luz cuya posición y tamaño son independientes de la velocidad de la fuente. Después de una millonésima de segundo la luz se habrá esparcido formando una esfera con un radio de 300 metros; después de dos millonésimas de segundo, el radio será de 600 metros, y así sucesivamente (Ojo: estoy repitiendo las palabras de Hawking, pero yo, como inspector de lotería por televisión, lo certifico).

         Hawking establece el símil con un estanque sobre el que se lanza una piedra. Las olas se extienden como círculos que van aumentado de tamaño conforme pasa el tiempo. Esto se puede representar mediante un modelo tridimensional  consistente en la superficie del estanque y la dimensión temporal, las olas circulares que se expanden marcarán un cono cuyo vértice estará en el tiempo y el lugar en que la piedra golpeó el agua (soy bueno copiando a Hawking, esto me garantiza estar bien respaldado). Lo mejor para ver bien esto es aplicando el teorema del dibujito:


                       
         El eje vertical es el tiempo. Hawking dice que, como se ve en el dibujo, se forma un cono tridimensional en el espacio-tiempo cuadridimensional. Este cono se conoce como cono de luz futuro del suceso.  De la misma forma se puede dibujar otro cono, llamado cono de luz pasado, el cual es el conjunto de sucesos desde los que un pulso de luz es capaz de alcanzar el suceso dado (la piedra en el estanque).  Nuevamente el teorema del dibujito nos ayuda a visualizar el fenómeno:





   Aquí los vemos con sus ejes de coordenadas:


 
                     
                   











          
    ¿Qué cosa nos puede llamar la atención de estas representaciones gráficas? Una muy interesante, ¿dónde está el presente? En un punto adimensional, o de dimensión cero en el eje tiempo, en el vértice de los dos conos. Esto apuntala mi afirmación sobre la no existencia del presente. ¿Habré interpretado mal a Hawking? A mí me parece que hay consistencia entre este resultado y los dos argumentos que he expuesto para mi demostración.

         Conclusión  temporal de esta noche (estoy escribiendo de noche): sólo existe el pasado.


jueves, 14 de agosto de 2014

ROBIN WILLIAMS - LA ÉTICA DEL SUICIDIO




ROBIN WILLIAMS

La ética del suicidio

Octavio Acosta Martínez


La noticia
     Veo que se ha producido una conmoción generalizada por la muerte-suicidio del actor Robin Williams. Nada más abro cualquier medio de información y/o comunicación, y allí me encuentro algo de este hecho. Artículos, comentarios, videos, fotos, oraciones, poemas, los encuentro por todas partes, incluyendo facebook, el medio que uso con más frecuencia. Ante esta avalancha no puedo pasar por debajo de la mesa, como confieso que estaba tratando de hacer, y tendré -casi me veo obligado- que dar una opinión al respecto.


     Son dos los aspectos, de todos los tratados, que prevalecen en los escritos: el psicológico y el religioso. Pero hay uno que, por lo menos en lo que a mí me ha llegado, ha sido olvidado. Lo trataré más adelante.


La dimensión psicológica

     Con respeto a lo psicológico es poco lo que puedo decir. No soy especialista en depresiones y mucho menos en depresiones severas. De una manera intuitiva puedo entender que una depresión severa conduzca a la toma de una decisión, también severa, como es la de acabar con su vida. Algunos han acabado con otras vidas antes de atentar con la propia. He tenido cerca a personas afectadas por depresiones “severas”  que finalmente desembocaron en el suicidio. Algunas veces he conocido la causa, en otras me ha parecido completamente “injustificada”. Pero sé que he estado equivocado, siendo yo un militante incondicional del principio de causalidad.

     Hay también familias enteras afectadas por la depresión y por la inclinación al suicidio. En estos días he escrito por mi blog LA TAGUARA EXQUISITA (ver http://octavioacostamar.blogspot.com/2014/08/de-ravel-para-wittgenstein-concierto.html) sobre la familia Wittgenstein, en la cual hubo varios suicidios y otras inclinaciones a lo mismo que no concretaron. Algunos de los Wittgenstein se suicidaron, pero hubo uno que teniendo todo en contra y las condiciones dadas para la autodestrucción, incluyendo el "pedigrí" familiar, escogió la vida y la lucha. Ése es mi héroe.

    Hay tratamientos para la depresión y hay especialistas que los prescriben: psicólogos, psiquiatras, curas y curanderos. Los dos primeros –los más calificados- son muy costosos, pero en el caso de Robin Williams, no creo que él careciera de los recursos económicos para financiar esta ayuda. A menos que su depresión haya devenido precisamente por una debacle económica, pero no he leído nada al respecto. Dicen que tenía una adicción al alcohol, pero también hay asociaciones para ayudar en estos casos. Por supuesto, la depresión a ciertos niveles enajenan al individuo y lo conduce a tomar las decisiones más irracionales. Pero generalmente la depresión no llega intempestivamente a estos niveles, sino que obedece a un proceso que permite tomar previsiones y buscar soluciones, tanto al individuo afectado como a las personas que lo rodean y pueden ayudarlo. 


 La dimensión religiosa

     Con respecto al aspecto religioso tengo dos hipótesis, independientemente de las causas de la depresión:

  1. Robin Williams no le pidió a Dios que lo ayudara.
  2. Robin Williams le pidió ayuda a Dios, pero Dios no lo escuchó. O sencillamente, por esos extraños designios del Señor, que escapan al conocimiento y la comprensión humana, no le dio la gana de ayudarlo.



     Puedo reformular esta segunda hipótesis para simplificar y para evitar controversias innecesarias con los lectores:

.            2. Robin Williams le pidió ayuda a Dios y Dios                  no lo ayudó.

     Dado que esta última es una proposición compleja, acudo a la ayuda del atomismo lógico y concluyo en una sola proposición simple: Dios no lo ayudó. Independientemente de cuál de las dos hipótesis sea verdadera.

     Ahora, poniéndome en los zapatos de un creyente religioso, fundamentalmente cristiano, la pregunta, infinitas veces formulada, es: ¿Es pecado el suicidio?

     Por dondequiera que le he entrado a esta pregunta, la respuesta es afirmativa. En primer lugar, es una falta a uno de los Mandamientos de Dios. El sexto dice: No matarás. Este "no matarás" incluye a la propia persona, esto es, el suicidio.

     La falta a uno de los Mandamientos es una falta grave (esto, por supuesto, presupone la plena conciencia del que lo está cometiendo. Si la falta es deliberada y con conocimiento de la ley sagrada). Todos sabemos que mediante el arrepentimiento y la confesión, cualquier pecado es perdonado. El problema del suicida es que él mismo se quita la oportunidad del arrepentimiento y más aún la de la confesión. El suicida, pues, muere en pecado. ¿Para dónde va después de la muerte? Es asunto que se lo dejo a los especialistas creyentes.

     La iglesia católica ha sido consistente en la apreciación de la gravedad del suicidio y lo ha expresado claramente en sus políticas religiosas. Aclaro que soy un creyente retirado y pueden haber cambiado algunas prácticas de la iglesia para adaptarse a las circunstancias modernas. Pero recuerdo que hasta donde yo la seguí, los suicidas no tenían derecho a servicios religiosos en sus velatorios y entierros. Tampoco eran enterrados en el mismo cementerio de los católicos. Cuando era muy joven recuerdo que en mi Ciudad Bolívar natal yo miraba con tristeza por entre los barrotes del cementerio donde enterraban a los protestantes y a los suicidas, y me conmovía ante tanta soledad. Ellos eran los muertos más muertos de todos los muertos. Nadie los visitaba.

     La iglesia también se ha opuesto a la eutanasia aún en los casos más graves, donde la vida deja de ser algo digno de merecer tal nombre y más el tener que soportarla. En estos casos extremos la iglesia ha sido opuesta al suicidio y siempre consideró que el quitarse la vida era abrogarse el papel de Dios, el único a quien correspondía decidir sobre la vida y la muerte. El suicidio no es otra cosa que una usurpación de funciones divinas, un acto de arrogancia inconcebible e imperdonable.

     De lo que he encontrado en la Biblia, los casos de suicidio que allí aparecen fueron cometidos por hombres catalogados como "no de Dios", por lo tanto a nadie les importa. Sin embargo, tengo una duda con Judas, el caso más notorio. Judas, en realidad, sí fue un hombre de Dios, tanto que fue uno de los apóstoles  seguidores de Cristo. Tuvo un momento de debilidad y lo pagó bien caro. Pero Judas sí tuvo  también, tiempo de arrepentirse (del pecado previo cometido, no del suicidio en sí). Él "devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos", a quienes expresó su arrepentimiento. Mas la respuesta de éstos fue: "¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!" Judas entonces, "arrojó las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó". Los invito a leer el Evangelio según San Mateo. Hoy, después de dos mil años de este hecho, al creyente católico sigue sin importarle este suicidio al que más bien lo consideran merecido. No solamente eso, sino que hasta es motivo de una celebración. A Judas lo matamos cada año en el Domingo de Resurrección (la quema de Judas). Por lo menos en Venezuela constituye una de las tradiciones más conservadas.



     Por motivos de simplicidad no me referiré a otras religiones, donde el suicidio por una causa político-religiosa constituye un acto de heroicidad que se supone es premiada con creces en el más allá. El mundo islámico está colmado de ejemplos. En otras culturas, como la tradicional japonesa, el suicidio es una cuestión de honor ante la aceptación de ciertas faltas. Pero no creo que el suicidio de Robin Williams obedezca a ninguna causa de estas naturalezas.

     Tampoco me referiré al "autosuicidio".


La dimensión legal

    Desde el punto de vista legal muchas legislaciones en el mundo han coincidido con la valoración del "no matarás" que ha hecho la iglesia católica, y así, el suicidio es considerado un delito. Si el suicida tiene éxito en su acción,... bueno, será juzgado en el más allá. Pero si fracasa, es juzgado aquí por las leyes penales, acusado de algo así como homicidio frustrado. Que los abogados, por favor, aclaren esto. Sé que en Venezuela fue así, pero ahora con tantas reformulaciones que tiene el sistema legal a raíz de una fiebre bolivariana que se caracteriza por cambiarlo todo, no sé ahora.


La dimensión ética y moral

     En el caso de Robin Williams, éste es el aspecto que más me interesa, lo que no implica que es donde seré más abundante. Como ha sucedido en tantos otros casos, incluidos los de este propio artículo, éste es un tema super especializado sobre el que se puede escribir una tesis de grado y, efectivamente, se han escrito. Como no estoy especializado en ética y moral, ni pienso escribir una tesis relacionada, me voy a dejar simplemente llevar por mi intuición y mis sentimientos, lo que implica que mis opiniones tendrán un carácter eminentemente subjetivo. Me permitiré aclarar.

     De los muchos estudios que se han realizado sobre el suicidio, destacan los de dos grandes figuras que se dieron a la tarea de jurungar en la psiquis del hombre hasta que se cansaron: Freud y Lacan. Confieso que nunca me he sentido atraído por el psicoanálisis, por lo que es ínfimo el tiempo que he dedicado a leer, que no a estudiar, sobre esta disciplina. De ese poco, y en lo relativo al suicidio, he captado que estos dos pensadores han profundizado en las causas y la caracterización del suicidio, pero creo que han dejado un vacío en cuanto a sus consecuencias. Como esto mismo he encontrado en otros investigadores, he llegado a la conclusión temporal de que el suicidio, para los académicos, es un fenómeno que tiene causas, pero no consecuencias. El asunto es que en este momento no estoy buscando las causas de la presunta acción de Robin Williams, sino de las consecuencias que de ella se derivan. Por ésta la razón, es todo lo que diré sobre sobre Freud y Lacan. Sin embargo, recomiendo no dejarlos de lado si usted está realmente interesado en una etiología del suicidio.


     Se me olvidó decir arriba -hago un paréntesis- que Robin Williams pudo también haber acudido a esta especialidad como un recurso. Quizás haberle pedido algún consejo a Woody Allen, un enrollado profesional, eterno paciente de psicoanalistas. Pero Woody Allen ha sido un paciente muy inteligente que no sólo no se ha suicidado, sino que ha canalizado sus rollos a través de sus películas, hasta incluso lograr que muchos salgan enrollados de la sala de cine después de verlas. Alguna gente detesta a Woody Allen por esto, pero él particularmente ha encontrado una vía de escape que le ha funcionado.


     Terminó el paréntesis. Yo me voy a dirigir a terrenos más simples y comprensibles. Una pregunta que ha sido formulada para dirimir ciertos dilemas éticos-morales es si el hombre se pertenece a sí mismo, o si por el contrario pertenece a algo o alguien. La respuesta es sumamente importante, pues de ella dependerá la calificación-clasificación que usted haga de sus acciones. Si la respuesta es positiva (el hombre se pertenece a sí mismo), entonces él puede hacer lo que le dé la gana con su humanidad, incluso suicidarse. Pero si la respuesta va en el otro sentido (el hombre pertenece a algo o alguien), sus acciones tienen que estar supeditadas al compromiso que él tenga con aquello que lo pertenezca, no con lo que le pertenezca. Aquí surge un concepto de responsabilidad.


         Aclaro términos: "Algo o alguien", puede ser la sociedad, la familia, una persona, una causa, Dios, o cualquier otra cosa. Hemos visto el caso religioso. Aquí el hombre no se pertenece a sí mismo, él pertenece a Dios. Por lo tanto, él no puede decidir sobre su vida en el caso de si se la quita o no. Eso está en poder de Dios. Pero como también existen los no creyentes, entonces vamos a otros estamentos sociales.


     Un hombre, por ejemplo, tiene familia... 


     ...Debo aclarar, una vez más, que cuando digo hombre, lo estoy haciendo en un sentido antropológico y por lo tanto me estoy refiriendo también a la mujer. Yo sé que es una ladilla tener que aclarar esto constantemente, pero lamentablemente la estupidez bolivariana ha complicado las cosas más simples y se han metido también en el lenguaje, cosa en la que ellos no son especialmente dotados.


     ... Decía que tiene familia; en ella hijos, esposa, hermanos,... y sigue la línea genealógica. Tiene también amigos, compañeros de trabajo, seguidores y admiradores a distancia, como es el caso de los artistas de cine, los intelectuales, los deportistas, los artistas plásticos, los músicos.


      Cuando un hombre ha rebasado los límites de lo estrictamente personal, ya él no se pertenece a sí mismo, él pertenece a algo a lo que voluntaria o involuntariamente creó. En una situación semejante, él no es libre de hacer nada con su vida sin antes pasearse por las consecuencias que tendrán sus decisiones en la entidad a la que él pertenezca. Entre estas decisiones está la de quitarse la vida.


     Calma amigos, ya estoy llegando al llegadero y ustedes estarán sospechando sobre mis posibles conclusiones. Para aligerar las cosas, y como un adelanto, aquí va la primera de ellas: el suicidio fue un acto de irresponsabilidad de Robin Williams. Claro está, si doy fe a las informaciones de las agencias noticiosas (que fue un suicidio).


     Obviando el caso de Dios ya tratado, alguien que pertenece a alguien o algo y se suicida, produce un trauma a los miembros de su congregación. Los más cercanos, además del dolor de la muerte, se sentirán culpables por esa acción. "¿Qué habré yo hecho o no hecho para que decidiera quitarse la vida?". Otra pregunta: "¿Es que yo (nosotros) fuimos tan insignificantes para él (ella) que ni siquiera valió la pena estar vivo?" Otra: "¿Tan insignificantes fuimos para él (ella) que no le importó el dolor que nos proporcionó?" ... Les dejo como ejercicio ¡siemmmpre los ejercicios! la elaboración de nuevas preguntas.


     ¿Tenía familia Robin Williams? ¿Cómo creen ustedes que se sentirá ésta? Pero yo voy a algo más: Robin Williams era un personaje público, y en los personajes públicos todo lo que ellos hagan repercute, quiéranlo o no, en un conglomerado que lo circunda. Repercusión que a la vez tiene gradaciones dependiendo del tipo de relación que el personaje haya tenido con dicho conglomerado.



     Robin Williams se especializó en transmitir una imagen de hombre bueno, transmisor de los más altos valores en lo que uno puede denominar sentido humano. El maestro transmisor de valores, el padre transmisor de valores, el ejecutivo transmisor de valores, el hombre transmisor de optimismo, el amor a la vida y, simplemente ... el amor. El que se enfrentó a convencionalismos arcaicos e inculcó una rebeldía humanística por la libertad, la alegría, la autorealización. Hasta cuando hizo de robot se trató de un robot bueno y con sentimientos humanos. Mucha gente amó a Robin Williams por esto. A mí particularmente me parecía una bonhomía profesional bien aprovechada por los ejecutivos de Hollywood. Al principio me la creí, pero después la rechacé. Soy rebelde a todo tipo de manipulación si alcanzo a percatarme de ella. Pero lo importante con este actor no es lo que me pudo pasar a mí, sino lo que le pasó a una gran audiencia. Se podría sintetizar la imagen que vendió Robin Williams en una sola frase: amor a la vida.

     De pronto, Robin Williams se suicida... ¿Entonces?... ¿Todo lo que transmitió era mentira? Sí, era mentira, y aquí es donde aterrizamos a la dimensión ética: "Usted promocionó unos valores y difundió un mensaje en los que no creía". Y luego, a la dimensión moral: Es la transgresión de los principios éticos llevados al campo de los hechos. El suicidio de Robin Williams es un problema de la transgresión a la ética y a la moral, y ya habíamos dicho que era una irresponsabilidad. 


     Pudiera ocurrir que en este momento yo sea víctima de un engaño, o simplemente de una equivocación cuando estoy escribiendo sobre la base del suicidio de una persona. ¿Qué ocurriría si dentro de una semana las investigaciones arrojaran un resultado diferente? Lo de la investigación pudiera tratarse de un tecnicismo, toda vez que parece haber un consenso en cuanto al tipo de muerte. Pero de darse un resultado diferente, lo que en cierta forma me aliviaría por el bien de su audiencia, me retractaré con respecto a la evaluación que he presentado sobre el actor y sólo mantendría los principios éticos expuestos.


     El actor no podrá responder a ningún señalamiento que se haga sobre su muerte, sea cual fuere el sentido de ésta. Pero  al tratarse de un personaje público son inevitables las especulaciones que pública y privadamente también se puedan hacer sobre algo tan lamentable. Así, habrá gente que pueda refutarme y tendrá todo el derecho de hacerlo, y yo deberé aceptarlo. Ése también es un principio ético.


    




sábado, 2 de agosto de 2014

DE RAVEL PARA WITTGENSTEIN - CONCIERTO PARA LA MANO IZQUIERDA



DE RAVEL PARA WITTGENSTEIN


Concierto para la mano izquierda
(Para piano y orquesta)


Octavio Acosta Martínez
octaviocultura@hotmail.com
Twitter: @snittker


          He escrito recientemente sobre Wittgenstein, cuando por fin encontré una clave que me permitió comenzar a entenderlo. No fue un motivo pequeño para alegrarme, pues llevaba varios años estudiándolo sin haber podido comprender siquiera la primera página de su Tractatus logico-philosophicus. 


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          Estoy hablando, por supuesto, de Ludwig Wittgenstein, quien cambió el curso de la filosofía en la primera mitad del siglo XX.

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Paul Wittgenstein
          Pero no es de ese Wittgenstein  del que quiero hablar hoy, sino de Paul Wittgenstein, que no es filósofo ni cambió el curso de nada, pero era un pianista avanzado que pudo haber tenido una carrera deslumbrante como tal, si no es por un lamentable hecho que frustró parcialmente sus aspiraciones.



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          ¿Y para qué hacer entonces referencia al primero? ¿Es que hay alguna relación entre éste que se llamó Paul y aquel que se llamó Ludwig? Podemos averiguarlo.

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          Los dos eran vieneses y pertenecían a una familia de origen judío que promovía el estudio de las artes, y de la música principalmente.Tanto Paul como Ludwig fueron sin embargo bautizados bajo la fe católica de una madre judía de raza, pero de tradición católica. El padre, también de ambos, de ascendencia judía y fe protestante, aseguró una fortuna lo suficientemente grande para garantizar un futuro cómodo a toda su familia (cinco hijos varones y tres hembras), y también para mantener una política personal de mecenazgo artístico que le valió el reconocimientos de la sociedad de su época.

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          ¿De qué época estamos hablando? Podemos situarla entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.

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          El Padre de Ludwig se llamaba Karl Wittgenstein, y el de Paul también.
          La madre de Lugwig se llamaba Leopoldine Kalmuz, y la de Paul también.
          Ludwig y Paul eran hermanos.

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          Cuando estalló la primera guerra mundial en 1914, ambos, Paul y Ludwig, se alistaron en el ejército. Ludwig se llevó al frente, en su mochila, un cúmulo de papeles para escribir cuando alguna tregua momentánea se lo permitiera, pero Paul no se pudo llevar su piano de cola a las trincheras para practicar en esos mismos momentos de tregua.

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          La suerte de los hermanos no pudo ser más dispareja: Paul perdió su brazo derecho en un enfrentamiento, mientras que Ludwig escribió los apuntes que dieron origen al Tractatus. 

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          Del Tractatus he dicho unas pocas palabras en ese blog que nadie puede dejar de leer, La Braga Azul, y tendré que volver a él cuando lo haya estudiado y entendido por completo (La Braga Azul: EL MUNDIAL DE FÚTBOL Y WITTGENSTEIN).

          Ahora, de Paul y su piano, ¿qué puedo decirles? ¿Se imaginan lo que significa para un pianista perder uno de sus brazos?

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          Para una familia tan fatal, a pesar de sus recursos y de su posición social, como era la familia Wittgenstein, uno podría imaginar la debacle total para Paul. De los cinco hermanos varones tres se habían suicidado, y Ludwig confesó que durante toda su vida él también pensó en el suicidio, y estuvo a punto de realizarlo cuando murió su íntimo amigo David Pinsent, con el que mantuvo una relación incierta. Ludwig y dos de sus hermanos suicidas eran homosexuales y las angustias derivadas de esta situación parece haber sido el catalizador para el trágico desenlace que tuvieron sus vidas. Ludwig dedicó su Tractatus a la memoria de David H. Pilsen.

Familia Wittgenstein

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Paul Wittgenstein después de la amputación de su brazo derecho
          Sin embargo, para Paul, la reacción ante la pérdida de su brazo estuvo muy distante de lo que uno se podría imaginar. Su vocación y determinación por el cultivo de la interpretación pianística no sólo no disminuyó, sino que la retomó, ahora como un reto bajo el nuevo esquema que su carencia física representaba.
          
          Comenzó por realizar sus propios arreglos para ser interpretados con la mano izquierda, de obras de Beethoven, Brahms, Grieg, Chopin, Haydn, Mendelsohn, Mayerbeer, Mozart, Puccini, Schubert, Schumann, Wagner, y otros compositores menos conocidos.

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          También obró en su favor la relación con insignes representantes del mundo musical que tuvo la familia en el fomento de esta actividad. Los músicos compositores que frecuentaban el Salón del Palais Wittgenstein contaban con figuras como Brahms, Mahler, Richard Strauss, Schönberg, Pablo Casals, Stockhausen, entre otros. Algunos de ellos fueron profesores de música de los hijos del viejo Wittgenstein. Los Wittgenstein contaban con doce pianos de cola en su casa. 



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Paul Wittgenstein
      Ante la incapacidad de postguerra de Paul, varios músicos famosos le compusieron obras para ser ejecutadas en el piano sólo con la mano izquierda. Músicos como Richard Strauss, Prokofiev, Benjamin Britten, Paul Hindemith y Ravel compusieron obras especialmente para Paul Wittgenstein. Algunas de estas obras no tuvieron la trascendencia que lógicamente uno podría esperar de tales autores, pero hubo una que sí trascendió: el Concierto en Re mayor para la mano izquierda, para piano y orquesta, del compositor francés Maurice Ravel.
Maurice Ravel
La premiere de este concierto fue con el propio Paul como intérprete, el 29 de noviembre de 1931 en Viena, bajo la dirección de su autor: Ravel.  ¡Qué espectáculo! ¿Porqué no habré estado yo ahí?




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          ¿Porqué trascendió la obra de Ravel? Dentro de la música académica Ravel se distinguió por ser un orquestador extraordinario. Bastan dos ejemplos para despejar cualquier duda: su famoso Bolero, y la recreación orquestal que hizo de la obra original para piano, Cuadros de un exposición, del compositor ruso Modest Mussorgsky.
          Ravel se valió de este profundo manejo de la orquesta que lo caracterizó, para "disfrazar" la limitación de expresarse en el piano con una sola mano y hacer que éste "sonara" como si se interpretara con las dos manos completas. Una proeza musical. Esto puede ser explicado mejor, más técnicamente, pero traducido a términos simples, eso fue exactamente lo que hizo Ravel. El Concierto para la mano izquierda no fue un compromiso para paliar la frustración de un pianista manco, sino que resultó ser una de las obras más importantes del compositor y de toda la literatura musical.

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          La obra es de un solo trazo, digamos un solo movimiento, pero con sus tres secciones lento - andante - allegro bien definidas. Toda la profundidad de la técnica raveliana está allí presente, incluyendo la incursión por los traviesos caminos del jazz, expresados también en su otro concierto "completo" para piano en Sol mayor.

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          De las primeras interpretaciones que hiciera Wittgenstein de este concierto existen audios, pero con las deficiencias propias de una técnica de grabación incipiente. También existen algunos videos parciales de interpretaciones suyas. Me gustaría compartir un "pedacito" de un video, parte de un documental, notable por su valor histórico, donde podremos ver a nuestro pianista, precisamente durante la ejecución de "su" concierto.




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          Para finalizar, necesita usted disponer de 20 minutos, que verá si los toma ahora o los guarda como un comodín para después. Pero es importante que escuche aunque sea una vez en la vida la versión completa del concierto, grabado con las técnicas modernas que hoy nos son tan cotidianas. 

          He seleccionado a un laureado pianista francés, de lo más destacado de las últimas generaciones: Jean Efflam Bavouzet. La Philharmonia Orchestra que lo acompaña estará dirigido por el también destacado compositor y director finladés Essa-Peka Salonen. En mi concepto -quizás esto sea muy subjetivo- el pianista tuvo sólo un pequeñísimo momento de "debilidad" que él mismo debe haber detectado, porque corrigió al instante y no lo volvió a tener. Como siempre es bueno que quede algo planteado para pensar, dejaré que ustedes mismos lo perciban. Pero ¡cuidado! No se pongan ahora tensos tratando de descubrir el fulano detalle. Sólo déjense llevar y disfruten la interpretación que resultó ser extraordinaria, por eso la seleccioné.